La historia de Tres Valles es un testimonio de tenacidad comunitaria: una historia de lucha y crecimiento constante impulsado originariamente por el ferrocarril. De campamento ferroviario a municipio libre, su trayectoria es la prueba de cómo el trabajo organizado y la visión colectiva pueden transformar un asentamiento en una potencia regional.
En sus inicios, el territorio tenía un pasado estrechamente ligado al municipio de Otatitlán. A finales del siglo XIX y principios del XX, la construcción del Ferrocarril de Veracruz al Istmo transformó la región. Un campamento de trabajadores ferroviarios y agrícolas comenzó a asentarse en la zona. La leyenda local sugiere que el nombre "Tres Valles" proviene de la visión de tres grandes valles o campamentos que rodeaban la estación original.
Con la llegada del tren, Tres Valles dejó de ser un simple asentamiento para convertirse en un imán para comerciantes, agricultores y migrantes de otras zonas del estado y del país, quienes vieron en sus tierras fértiles una oportunidad de oro.
Durante décadas, Tres Valles fue una congregación perteneciente al municipio de Cosamaloapan. Sin embargo, su crecimiento demográfico y su enorme peso económico (ya superaba a la cabecera municipal en ingresos) encendieron la chispa independentista. Tras años de gestiones políticas y movilizaciones sociales, Tres Valles logró su emancipación, erigiéndose como Municipio Libre el 25 de noviembre de 1988.
La región era principalmente rural, poblada por comunidades pequeñas dedicadas a la agricultura de subsistencia y al aprovechamiento de los recursos del Papaloapan. Todo cambió cuando la obra del Ferrocarril de Veracruz al Istmo buscó conectar el Golfo con el Pacífico, convirtiendo esta zona en un punto estratégico de paso obligado.
Hombres y mujeres llegados de otras regiones levantaron viviendas provisionales que con el tiempo se transformaron en casas, calles y comercios estables, dando origen al pueblo que hoy conocemos.
La estación ferroviaria se transformó rápidamente en un punto de comercio, intercambio y movimiento humano constante. Llegaron familias de Veracruz, Oaxaca, Puebla e incluso del centro y norte del país, cada una aportando sus tradiciones, oficios y dialectos al tejido social del lugar.
El comercio floreció alrededor de la estación: tiendas, fondas, hoteles, talleres y bodegas se multiplicaron. En pocas décadas, el campamento se convirtió en una congregación dinámica con escuelas, iglesias y una identidad propia.
A pesar de su importancia económica, todas las decisiones administrativas pasaban por Cosamaloapan, lo que generaba inconformidad entre los habitantes y empresarios locales. Líderes comunitarios, productores cañeros, comerciantes y vecinos organizaron asambleas, recolectaron firmas y enviaron peticiones al Congreso del Estado.
Después de un largo proceso jurídico y político, la emancipación se concretó el 25 de noviembre de 1988. Cada año los tresvallenses celebran esa fecha con festividades y actos cívicos que recuerdan a quienes hicieron posible esta histórica conquista.